Una preocupante situación se vive a nivel nacional en el Programa de Asistencia Médica Integral (PAMI), en medio de recortes impulsados por el Gobierno nacional que impactan de lleno en el funcionamiento del sistema y en la atención de millones de afiliados.
Al contexto de ajuste se suma el desfinanciamiento de la obra social, agravado por la eliminación de recursos clave como el Impuesto País, que en su momento representaba cerca del 28% de sus ingresos. A esto se añade una deuda estimada en 500 mil millones de pesos con prestadores.
En las últimas semanas, el conflicto se profundizó con la decisión oficial de reducir casi a la mitad el pago por prestación a los profesionales de la salud. Según estimaciones, los médicos de cabecera pasarían a percibir alrededor de 1.400 pesos por consulta, mientras que en el caso de los odontólogos la cifra descendería a 374 pesos.
Frente a este escenario, los profesionales nucleados en la Asociación de Profesionales del Programa de Atención Médica Integral y Afines (APPAMIA) iniciaron un paro de 72 horas desde este lunes y hasta el miércoles, con suspensión de la atención habitual. Durante la medida de fuerza, los afiliados podrán recurrir únicamente a los servicios de guardia, según criterio profesional.
Desde la entidad gremial señalaron que la situación es insostenible y advirtieron que el ingreso de los profesionales podría caer más de un 50%, lo que en muchos casos vuelve inviable el ejercicio de la profesión tras afrontar los costos operativos.
El conflicto se originó a partir de la Resolución RESOL-2026-1107-INSSJP, firmada el 9 de abril, que introduce cambios en el esquema de remuneración. Entre ellos, la eliminación de la consulta presencial como fuente directa de ingreso, la incorporación de más prestaciones dentro de un pago fijo y la quita de incentivos económicos vinculados a la formación profesional.
Desde APPAMIA calificaron la medida como inconsulta y retroactiva, y remarcaron el malestar del sector. “Nos sentimos humillados y degradados en nuestro trabajo”, expresaron.
Asimismo, advirtieron que este escenario podría generar una salida significativa de médicos del sistema, afectando directamente el primer nivel de atención del PAMI. El rol del médico de cabecera resulta clave en el seguimiento de enfermedades crónicas, la emisión de recetas, la indicación de estudios y las derivaciones, por lo que cualquier alteración en su funcionamiento impacta de manera directa en la calidad de atención a los jubilados.