La Casita de Francisco: una red comunitaria que multiplica oportunidades en Banda Norte
En un extremo del pasaje Los Alerces, en el sector este de Banda Norte, la comunidad San Francisco Solano se consolidó con los años como un espacio de referencia social y comunitaria en Río Cuarto.
Lo que comenzó como un centro comunitario hoy articula cinco organizaciones en torno a La Casita de Francisco, un ámbito donde confluyen contención, aprendizaje, deporte y trabajo solidario.
“Hoy hablamos de comunidad porque hay cinco organizaciones trabajando en un mismo espacio”, resume Mario Muro, referente y coordinador del lugar, al describir una trama construida desde la participación barrial y el compromiso colectivo.
Allí funcionan propuestas deportivas, un centro de jubilados, apoyo escolar, talleres de oficios y acciones solidarias que, además de generar respuestas concretas, fortalecen el sentido de pertenencia entre vecinos y vecinas.
En un contexto social atravesado por mayores demandas, el espacio se transformó también en un punto de referencia para canalizar necesidades urgentes. “Es el primer lugar al que acuden cuando necesitan ayuda”, señala Muro.
Dentro de ese entramado, la Panadería Social Santa Clara representa uno de los proyectos más significativos. Con acompañamiento del Gobierno de Córdoba, a través de los Consejos Barriales, el espacio sumó equipamiento para potenciar la elaboración de panificados y ampliar su alcance comunitario.
La coordinadora territorial de los Consejos Barriales, Luciana Petroff, destacó el valor de la iniciativa al remarcar que no solo permite producir alimentos, sino también generar encuentro, aprendizaje y acompañamiento.
Lejos de una lógica comercial, la propuesta apunta a la producción solidaria. Gran parte de lo elaborado se destina a merenderos y centros comunitarios, además de acompañar a familias del barrio.
“No es una panadería para lucrar, sino para compartir”, sintetiza Muro. “La idea es producir nuestro propio pan y también acompañar a otros espacios que lo necesitan”.
Además, cada jueves, el taller de cocina y panificación reúne a mujeres del barrio en un espacio que combina formación y encuentro. Coordinado por Alicia Rollán, el grupo creció con el tiempo y se consolidó como una propuesta que trasciende lo gastronómico. “Aquí se da el valor del compartir, la charla, la amistad”, cuenta.
Se trata no solo de incorporar herramientas para la vida cotidiana, sino de que las participantes compartan saberes, adapten preparaciones según los recursos disponibles y encuentren respuestas colectivas a necesidades comunes.
La dimensión comunitaria también se fortalece a través del deporte. El Club La Casita de Francisco trabaja desde hace cuatro años con niños y adolescentes del barrio, principalmente a través del fútbol.
Su presidente, Eduardo Aguilera, destaca el rol preventivo y formativo del espacio. “Los niños necesitan estos lugares. Si no están acá, están en la calle, y ahí aparecen otras problemáticas”, advierte.
Actualmente participan chicos y chicas de entre 6 y 14 años en una propuesta centrada en la inclusión y los valores. “Queremos que todos jueguen, que todos tengan su lugar”, afirma.
En San Francisco Solano, el pan, el deporte, la formación y el compromiso vecinal se integran en una experiencia donde la organización comunitaria se convierte en herramienta concreta para transformar realidades y generar oportunidades donde más hacen falta.