El fútbol tiene historias que trascienden el resultado y se convierten en recuerdos imborrables. Una de ellas se escribió este domingo en el fútbol infantil femenino del Centro Social Las Higueras, cuando Ámbar Luz Pecorari, de 9 años, defendió por primera vez el arco de la categoría Sub 10.
La emoción fue inmensa desde el momento en que recibió la noticia de que sería la arquera titular. "Sentí mucha, pero mucha alegría y emoción", contó la pequeña, quien desde hace tiempo soñaba con ocupar ese lugar.
La pasión por el arco tiene raíces familiares. Sus hermanos mayores, Julián, arquero de la Sub 13, y Juan, que ataja en la Sub 17, fueron una inspiración constante. "Yo veía a mis hermanos atajar y me gustaba. Empecé a jugar al fútbol con mis vecinos y vecinas, me fui al arco, me sentí cómoda ahí y sentí que ese era mi lugar", relató.
En los días previos al debut, ambos hermanos fueron fundamentales para ayudarla a prepararse. Con Julián practicó cómo tirarse y caer correctamente, además de repasar el reglamento. Juan también la acompañó con consejos técnicos, dirigió su calentamiento antes del encuentro y permaneció detrás del arco alentándola durante todo el partido.
Pero el apoyo no terminó allí. En la tribuna estuvieron sus padres, sus dos hermanos y su tía Verónica, quienes vivieron con intensidad cada jugada. "Estábamos todos nerviosos. Creo que era parejo", dijo entre risas al recordar ese momento tan especial.
Aunque recién comienza su camino en el fútbol, Ámbar tiene muy claro qué espera de esta experiencia. "Quiero seguir siendo arquera. Mi mayor sueño es aprender, hacer buenas amigas, hacer lindas atajadas para mi equipo, divertirme y disfrutar de hacer este deporte", expresó.
Con su debut, Ámbar no solo inició una nueva etapa deportiva, sino que también sumó un nuevo capítulo a una familia donde el amor por el arco ya es una verdadera tradición. Una historia de pasión, compañerismo y sueños que recién empieza a escribirse bajo los tres palos del Centro Social Las Higueras.