


“El Centro Social es mi casa y mi orgullo”
Redacción El Día de Higueras

Desde los 5 o 6 años, la vida de Facundo Peruchín estuvo ligada al Centro Social Las Higueras. Ese espacio que primero lo recibió como jugador infantil, luego lo vio debutar en la primera división y hoy lo encuentra del otro lado de la línea, como entrenador, marcó profundamente su historia deportiva y personal.
Jugar desde chico en el club fue, para él, una sensación enorme: un lugar donde no solo desarrolló sus habilidades, sino también valores que lo acompañan hasta el día de hoy. Entre los recuerdos más significativos guarda con especial cariño su debut en la reserva, un objetivo que había esperado mucho tiempo. Sin embargo, el gran salto llegaría con su estreno en la primera, un momento que recuerda con emoción: “Fue una mezcla de nervios, orgullo y responsabilidad al defender los colores del club en la máxima categoría”.
Hoy, ya convertido en entrenador, su vínculo con el Centro Social se amplió. Con los jugadores de la 2013 siente un gran aprecio y asume el compromiso de conocerlos en profundidad para ayudarlos a crecer tanto dentro como fuera de la cancha grande. “Es un desafío emocionante, porque puedo influir en su desarrollo como jugadores y como personas”, afirma. Su relación con el club, lejos de cambiar, se fortaleció aún más: “Es un honor y un desafío que me hace sentir orgulloso de ser parte de esta institución”.



A los jóvenes que transitan por la reserva, siempre les repite un consejo: trabajar con seriedad, nunca rendirse y valorar cada oportunidad. “Si están ahí es porque se lo ganaron con esfuerzo, que lo aprovechen al máximo y no pierdan de vista sus sueños”, sostiene convencido.
Si tuviera que elegir un instante para resumir lo mejor de su trayectoria, Peruchín no duda: el día en que Higueras ascendió a la categoría A. Más allá de que fue un logro colectivo, lo vive como un momento imborrable.
Con los años, también aprendió cuáles son los valores que considera imprescindibles transmitir: disciplina, trabajo duro, humildad, pasión por el juego, solidaridad y respeto. “Que se sientan orgullosos de llevar la camiseta del club y se esfuercen por hacerla brillar en cada oportunidad”, remarca.
De cara al futuro, sus metas siguen ligadas a ese lugar donde empezó todo. “Quiero seguir trabajando para que el club siga creciendo, formando jugadores y personas”, asegura. Palabras que reflejan, en cada línea, que para él el Centro Social no es solo un club: es su casa, su orgullo y parte esencial de su vida.


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