Corazón Azulgrana
La historia del miércoles, cuando Centro Social igualó agónicamente con dos jugadores menos gracias al grito inolvidable de Gastón Flores, no fue un milagro aislado: fue un anticipo. Este domingo, en Los Teros, el Azulgrana volvió a demostrar que cuando hay corazón, coraje y una identidad clara de juego, todo es posible.
Centro Social derrotó por penales a Juventud Unida, el gran candidato al ascenso, y se metió en la final del Reducido por el segundo boleto a la Primera A. Fue la consagración de un equipo que sabe a lo que juega, que apuesta a la velocidad, que golpea en los momentos clave y que se sostiene en un arquero que está viviendo una primavera deportiva extraordinaria.
Tomás Muñoz fue gigante durante los 90 minutos y enorme en la definición. Sus manos sostuvieron al Social en los momentos más calientes y terminaron sentenciando la clasificación.
Un arranque perfecto y un partido de alto voltaje
La tarde empezó de la mejor manera para los dirigidos por Cristian Giménez. A los 4 minutos, un cabezazo preciso de Tomás Formini habilitó a Santiago “Mono” Almirón, que llegó por la espalda, definió con clase y estampó el 1 a 0. Un golpe directo al corazón del candidato.
Pero Juventud reaccionó rápido: a los 11, tras una pelota parada y una serie de rebotes, Máximo Sola encontró un volea limpia en el área y puso el 1 a 1.
Desde allí, el partido tomó una dinámica frenética: pocas intervenciones de los mediocampistas, mucho duelo físico, pelotas cruzadas y ataques directos. Ese panorama favoreció al Social, que tenía claro su plan: explotar la velocidad de Ávila, Formini y Zalazar frente a la lentitud de la última línea local.
Centro Social incluso pudo haber aumentado: un cabezazo de Bengolea, un mano a mano que tapó el arquero Aguilera y una corrida de Zalazar que volvió a exigir al guardameta tricolor. Del otro lado, Juventud también tuvo sus chances, pero empezó a verse algo fundamental: no tenía un plan de juego claro y dependía casi exclusivamente de las pelotas paradas.
Un segundo tiempo de sufrimiento y un Muñoz inolvidable
Juventud empujó más en el complemento, pero sin encontrar circuitos de juego. Sus mejores llegadas fueron producto de pelotas paradas o maniobras aisladas. Y allí apareció el protagonista absoluto de la tarde: Tomás Muñoz.
Tapó un mano a mano monumental, una doble intervención en el borde del área, una atajada a quemarropa a Rucci y otra a Barreta que fue decisiva. Fue la muralla que no dejó caer al Azulgrana cuando el partido se inclinaba físicamente.
El Social respondió y casi marca con Esdras Palacios, que definió exigido ante la salida de Aguilera.
El 1 a 1 fue justo. El global de 2 a 2 también. Los penales, entonces, iban a definir quién tenía más temple.
Penales: corazón azulgrana y una mano que vale una final
La definición desde los doce pasos fue un manojo de nervios. Centro Social marcó con Diego Terraza, Cristian Gallardo, Santi Almirón y Tomi Zalazar. Fallaron Jere Pereyra (atajò Aguilera) y Yamil Mene (desviado).
En Juventud anotaron Nicolás Rucci, Barreto e Ibarra.
Fallaron Lazarte, Luciano Rucci y finalmente Joaquín Rucci, cuyo remate encontró las manos salvadoras de Muñoz.
4 a 3 y desahogo para un equipo que ademàs de su templanza, porque a la hora de los penales eso juega y no es la suerte, marcò la diferencia en saber a qué jugar y Juventud Unida, no. Mientras el local nunca logró generar volumen de juego ni en la ida ni en la vuelta, Social ejecutó un plan simple pero brillante: líneas cortas, solidez defensiva, verticalidad y la convicción absoluta de que la velocidad de sus delanteros podía partir la estructura rival.
Eso habla del trabajo de Cristian Giménez y su cuerpo técnico, que armaron un equipo consciente de sus fortalezas, respetuoso de sus limitaciones y competitivo en cada pelota. El resultado no fue suerte.
Centro Social está en la final. Y Las Higueras vuelve a soñar con el ascenso.
Imàgenes: Silvina Bustos