Cierres industriales y más de 400 despidos encendieron alarmas en el sector fabril argentino
La industria argentina vive uno de los momentos más críticos del año. En apenas dos semanas, cinco empresas de distintos rubros confirmaron el cierre de sus plantas y la desvinculación de más de 400 empleados, en un escenario marcado por el desplome del consumo interno y el aumento sostenido de productos importados.
Los casos más resonantes se concentran en Buenos Aires, La Rioja y San Luis, donde sectores históricamente generadores de empleo —como electrodomésticos, metalurgia, textil y autopartes— enfrentan un retroceso que preocupa tanto a sindicatos como a autoridades locales.
En el sector de electrodomésticos, Whirlpool sorprendió con el cierre de su planta en Pilar, dejando sin trabajo a 220 empleados, entre ellos personal de producción, ingeniería y calidad. La empresa atribuyó su salida a la imposibilidad de sostener un modelo operativo competitivo ante la desaceleración del consumo y el incremento de importaciones.
“Se trataba de un modelo de negocio que debía ser más ágil y eficiente, algo que no pudo lograrse en este contexto”, señalaron desde la firma, que ya negocia con la Unión Obrera Metalúrgica un esquema de desvinculación que incluye indemnización y una suma adicional.
En la misma localidad bonaerense, Essen —la tradicional fábrica de ollas— despidió a 34 trabajadores de distintos sectores, afectados por la disminución de la demanda. Representantes gremiales informaron que las áreas de fundición, mecanizado y terminación fueron las más perjudicadas. Algunos de los empleados contaban con una extensa trayectoria dentro de la compañía.
“La demanda en Argentina disminuyó, lo que obligó a realizar desvinculaciones para adecuar la producción”, aclararon desde la empresa, que aseguró que 12 empleados efectivos y 17 temporarios fueron alcanzados por la medida.
La Rioja también sufrió un duro golpe con el cierre de dos firmas textiles: Luxo y Vulcalar. Entre ambas cesaron 120 puestos de trabajo. Luxo culminó su proceso de desvinculación de 40 empleados tras varios meses de caída en las ventas, mientras que Vulcalar detuvo su producción en Sanagasta y dejó sin remuneración a unos 80 trabajadores, a la espera de resoluciones sobre sus indemnizaciones.
La situación en la provincia es especialmente sensible, dado que la actividad textil constituye una de las principales fuentes de empleo.
En San Luis, la autopartista estadounidense Dana anunció el cierre definitivo de su planta en Naschel, lo que derivó en 50 despidos directos y un impacto indirecto sobre otros 40 puestos vinculados a proveedores y servicios locales. La fábrica producía componentes para transmisiones y abastecía al mercado de reposición.
Las causas que atraviesan a todas las empresas coinciden: caída del consumo interno, aumento de importaciones y pérdida de competitividad. El fenómeno se replica en distintos puntos del país y se profundiza mes a mes.
Frente a este panorama, el titular de la Unión Industrial Argentina (UIA), Martín Rappallini, manifestó su preocupación y remarcó la urgencia de reducir la carga impositiva y corregir distorsiones que limitan la competitividad del sector.
“Las compañías industriales cargamos con mochilas que hacen complejo competir en un mundo agresivo en términos comerciales”, expresó, y señaló la competencia desleal derivada del ingreso de productos a través de plataformas globales como Temu y Shein.
También insistió en que Argentina arrastra costos impositivos, laborales y de infraestructura que superan en un 25 a 30% los de Brasil.
“Hay que trabajar en la competitividad y avanzar en reformas que permitan impulsar la actividad. Es una situación muy compleja”, concluyó.
Mientras tanto, miles de familias comienzan a sentir el impacto de un escenario industrial que se achica y que aún no encuentra señales claras de recuperación.
Fuente Infobae