"Entre la imagen y el sujeto": La caída de una imagen
Vivimos construyendo una imagen de nosotros mismos..
Una imagen que no surge por azar. Se va configurando a partir de las miradas de los otros, de
aquello que fue reconocido, valorado o esperado de nosotros. Poco a poco, aprendemos quién
“debemos ser” para ocupar un lugar.
Algunos construyen la imagen de quien siempre puede, de quien sostiene, resuelve y de quien
nunca necesita; de quien permanece fuerte, incluso cuando por dentro todo tiembla.
Y casi sin advertirlo, comenzamos a confundir esa imagen con quienes somos.
Entonces… pedir ayuda deja de ser una posibilidad y empieza a vivirse como una amenaza.
Descansar genera culpa, equivocarse resulta insoportable y mostrar dolor parece poner en
riesgo aquello que creemos ser.
Pero el sujeto, no es la imagen. La imagen busca completud, necesita sostener una ilusión de
consistencia. Intenta negar la falta, el límite y la dependencia. Se esfuerza por mostrarse
siempre entera, siempre capaz y a la altura de lo que supone que los otros esperan.
El sujeto en cambio, está atravesado por la falta. Habita la contradicción, el deseo y la
incertidumbre. No es un ser completo; se constituye a partir de aquello que le falta. Y es allí
donde también se abre la posibilidad del deseo.
¿Qué ocurre cuando la vida irrumpe con una crisis?, cuando aparece el agotamiento, la
angustia, el desborde. Cuando el cuerpo comienza a decir aquello que durante mucho tiempo
intentamos silenciar.
Muchas veces sentimos que nos estamos rompiendo. Sin embargo, tal vez lo que comienza a
resquebrajarse no sea el sujeto, sino la imagen idealizada que durante años intentó sostenerlo.
Entonces.. aparecen preguntas que hasta entonces no tenían lugar. ¿A quién necesito
demostrarle que puedo con todo?, ¿Qué temo perder si dejo de sostener esa versión de mi?,
¿Qué parte de mi historia hizo de la autosuficiencia una condición para sentirme valioso?,
entre otras tantas….
Quizás la crisis no venga a destruirnos, quizás venga a hacer caer una imagen que ya no puede
sostenerse. Porque a veces, no es el sujeto quien se rompe, sino la imagen.
Y quizás sea recién cuando esa imagen cae que algo de nosotros, por fin, comienza a existir.
Como expresó Jacques Lacan: “El yo es otro”.
Tal vez el verdadero desafío no consista en reconstruir la imagen que se cayó, sino en
animarnos a descubrir quiénes somos cuando dejamos de vivir para sostenerla.
Lic. María Belén Abril | Psicóloga -MP 9758
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