La necesidad de psicoanálisis
El psicoanálisis además de ser un método psicoterapéutico, es considerado también un movimiento cultural y una concepción del mundo. Cuando hablamos de lo que nos pasa, de los que nos importa, solemos apelar a ideas o palabras que provienen del psicoanálisis, como: inconsciente, acto fallido, histeria, neurosis, deseos reprimidos, etc.
Curiosamente, cuando se suele pensar en un tratamiento psicoanalítico que alivie el sufrimiento del alma y nos ayude a recuperar la sensación de bienestar, surgen también algunos prejuicios, algunas concepciones erróneas que se sustentan en malentendidos que, a continuación, trataremos de aclarar.
Una de las más frecuentes resistencias a comenzar un proceso analítico suele originarse en el supuesto de que tenemos que revivir historias o situaciones del pasado que se teme volver a padecer. También suele considerarse un tratamiento demasiado prolongado en comparación a otras opciones terapéuticas. Además, aparece a veces el temor a volverse dependiente del proceso o del analista.
En una psicoterapia psicoanalítica, entre analista y paciente se da un intercambio que permite esclarecer y comprender los conflictos que permanecen fuera de la conciencia, pero que inevitablemente repercuten en nuestras emociones, hábitos y acciones.
Este intercambio sucede dentro de un encuadre que establece ciertas reglas orientadas a cuidar el vínculo entre paciente y analista, y así realizar una buena labor. Se trata de una tarea en la que es necesaria la entrega y la predisposición de ambos, dado que entre dos es más fácil recorrer el complejo camino de descubrirnos.
En ese contexto, mientras el paciente siente, el analista está sintiendo con él. El mundo afectivo del paciente produce reacciones en el analista, que, si son tenidas en cuenta y examinadas, pueden acercarlo a una mejor comprensión de la situación. El analista ofrece al paciente interpretaciones para que pueda aproximarse a hacer consciente esos afectos que permanecen ocultos, que son la fuente de un sufrimiento innecesario.
Lo que nos afecta, nos afecta y nos importa hoy; por más que sintamos que proviene de algo que nos sucedió en el pasado. No es necesario “ir al pasado” porque éste se hace presente aquí y ahora. Un buen tratamiento psicoanalítico requiere de un tiempo prolongado, dado que su finalidad consiste en la modificación del carácter. Recordemos que, en otras ramas de la medicina, la elección de un tratamiento no se basa en su duración sino en un criterio de eficacia. Por ejemplo, si pensamos en un enfermo diabético el criterio de elección no sería el tiempo sino la eficacia del tratamiento que necesita.
Frente al temor a depender, con frecuencia suele plantearse la idea de que, si alguien se analiza, no puede tomar decisiones por sí mismo, sino que todas sus decisiones o toda su vida está comandada por el análisis. Pensamos que eso es un error porque el análisis busca el fortalecimiento de la persona, es decir, que la persona pueda ir adquiriendo cada vez mayor capacidad para resolver por sí misma la circunstancias que la vida le presenta.
Revisar nuestros dramas y sufrimientos puede acercarnos a una mirada de mayor amplitud acerca de las cosas que nos pasan en la vida y que muchas veces sentimos que no las hacemos nosotros, sino que la vida nos hace.
Lic. Lucila Amaya. Licenciada en Psicopedagogía. MP 22-2156. Con Formación en Psicoanálisis en UNRC y CEAP Río Cuarto. Atención de niños, adolescentes y adultos. Tel: 3584879854
Lic. Mariela González. Licenciada en Psicopedagogía. MP 22- 2164. Con Formación en Psicoanálisis en UNRC y CEAP Río Cuarto. Atención de adolescentes y adultos. Tel: 3584240801
*Este artículo está basado en ideas del Dr. Luis Chiozza. Médico psicoanalista argentino.
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