


Salud mental: Uno de cada cinco niños y adolescentes sufre tristeza o ansiedad
Redacción El Día de Higueras


Un nuevo informe del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina encendió señales de preocupación sobre las múltiples privaciones que atraviesan niños y adolescentes en el país.

Los datos muestran que casi dos de cada diez chicos dejaron de asistir al médico o al odontólogo durante el último año por dificultades económicas, una problemática que golpea con mayor fuerza a adolescentes y hogares de menores ingresos.


La investigación, titulada Dimensiones postergadas del bienestar infantil, amplía la mirada sobre la pobreza y expone cómo las carencias no solo impactan en la alimentación o la escolaridad, sino también en la salud mental, los vínculos, la vestimenta y el aprendizaje.
Entre los datos más alarmantes, el 18,1% de los chicos de entre 5 y 17 años presenta síntomas de tristeza o ansiedad, porcentaje que crece en la adolescencia y afecta especialmente a las mujeres. Según el relevamiento, el malestar emocional no es un fenómeno aislado: influye de manera directa en el desempeño escolar y en las posibilidades de aprendizaje.
El informe también revela otra dimensión poco visibilizada de la desigualdad: el 37,5% de niños y adolescentes tuvo dificultades para acceder a ropa o calzado por razones económicas. En los sectores más vulnerables, ese número supera el 58%.
Lejos de tratarse solo de una carencia material, el estudio advierte que la imposibilidad de vestirse como sus pares genera sufrimiento, aislamiento y afecta la integración social, especialmente en edades donde la pertenencia grupal resulta clave.
Otro dato preocupante indica que el 27,3% de los chicos tiene dificultades para construir amistades o cuenta con pocos vínculos, una situación que también impacta en la experiencia escolar.
En materia educativa, el relevamiento identifica al ausentismo docente y la suspensión de clases como uno de los factores más críticos: alcanza al 30,6% del alumnado y trepa al 44% en los sectores más pobres. Según el análisis, es una de las variables que más incide en las dificultades de aprendizaje.
Además, uno de cada diez estudiantes dice no disfrutar de ir a la escuela, una proporción que crece en la adolescencia. Solo el 6,3% recibe algún tipo de beca o ayuda económica para estudiar.
Desde el Observatorio señalaron que el estudio permite comprender que la pobreza no actúa únicamente por falta de ingresos, sino a través de múltiples mediaciones: salud deteriorada, malestar emocional, aislamiento social y peores condiciones institucionales.
“La desigualdad en la infancia también se juega en dimensiones invisibles como los vínculos, la subjetividad y la experiencia cotidiana”, advierte el informe, que plantea la necesidad de políticas públicas integrales para abordar una problemática que excede lo económico.
Los resultados vuelven a poner en agenda una preocupación de fondo: cómo las privaciones materiales y emocionales están marcando la vida de millones de chicos y condicionando su presente y su futuro.


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