“No vendemos un vino, vendemos un momento irrepetible”
Wine Glass comenzó oficialmente el 1 de mayo, pero la historia detrás del emprendimiento había empezado mucho antes. Paola y Ramón venían compartiendo desde agosto de 2025 una formación como sommeliers, que finalizaron en junio de este año, mientras mantenían sus trabajos y comenzaban a pensar qué hacer con todos esos conocimientos.
La decisión llegó en un momento inesperado. En marzo, Paola tuvo que dejar uno de sus trabajos para atravesar un tratamiento y la situación los llevó a retomar una propuesta que tiempo atrás les había realizado Finca Ivonne, una bodega mendocina con la que habían construido una relación de amistad.
Así, después de viajar a Mendoza y reencontrarse con ese proyecto, se convirtieron en vendedores exclusivos de sus vinos en la provincia de Córdoba.
“Empezamos como creo que todos, sin conocimiento en nada, solo del producto del que nos habíamos enamorado”, cuenta Paola. La formación como sommeliers, sumada al acompañamiento permanente de la bodega, les permitió profundizar en viticultura, análisis sensorial y enología, y convertir ese interés inicial en una propuesta comercial.
Vinos diferentes, para cada momento
Wine Glass trabaja actualmente con distintas bodegas y busca ofrecer etiquetas que no llegan habitualmente al mercado de la zona. Entre ellas, vinos de pequeña producción, cosecha manual y diferentes varietales de Finca Ivonne, además de vinos orgánicos y propuestas menos habituales como Pinot Gris, Mourvèdre y Garnacha.
También incorporaron productos de Bodega Goyenechea y, recientemente, vinos espumosos y nuevas vinificaciones que sumaron variedad a su propuesta.
El diferencial, explican, no está solamente en qué vinos ofrecen, sino en cómo los acercan al cliente.
“Siempre digo que hay un vino para cada persona, para cada momento y para cada día”, sostiene Paola. Por eso, antes de recomendar una botella, ambos prueban y analizan los productos para poder orientar la elección según los gustos, la ocasión y hasta la persona que va a recibirlo como regalo.
No es lo mismo elegir un vino para un asado familiar del domingo que para una cena entre amigos, una reunión de trabajo o un regalo. Esa personalización es parte de la identidad que buscan construir.
Incluso recuerdan con humor uno de los pedidos más particulares que recibieron. Un cliente con buenos conocimientos sobre vinos probó una etiqueta y la definió como “muy ligera, muy rápida” y pidió algo “que se mastique”. La respuesta fue encontrar para él un vino de gran reserva, con mayor estructura y tiempo en barrica.
Un emprendimiento de a dos
En Wine Glass las tareas están repartidas. Ramón se ocupa principalmente de las ventas, mientras que Paola lleva adelante buena parte de la logística y la comunicación en redes sociales. Las decisiones de compra, en cambio, las toman juntos.
“Vemos qué vino nuevo va a salir, pensamos el tipo de cliente que lo puede consumir y antes de catarlo y analizarlo nosotros ya hicimos todo el análisis mental”, cuentan entre risas.
El camino no fue sencillo. Ambos tienen trabajos, estudian y Paola además continúa con sus estudios secundarios y sostiene las responsabilidades familiares. A eso se sumó el desafío económico de comprar productos que deben pagarse de contado y organizar el dinero para poder reponer el stock.
En ese proceso aprendieron una de las reglas fundamentales del emprendimiento: administrar con disciplina.
“Hay que tener conducta: se vende y solo se usa la ganancia, aunque no haya para otras cosas. Hay que guardar para poder reponer lo que se vendió”, explica Paola.
También descubrieron que el diálogo es indispensable cuando se emprende en pareja. No siempre coinciden, especialmente al momento de decidir una compra, pero aprendieron a analizar, conversar y, cuando es necesario, ceder.
El primer vino que vendieron fue, naturalmente, de Finca Ivonne, la bodega que primero confió en ellos.
Ramón le vendió su primer Malbec a su hermano Fernando, quien continúa siendo cliente. En el caso de Paola, sus primeros compradores fueron sus patrones, Valeria y Hermes. Ella llegó con una caja que contenía toda la propuesta de la bodega y se animó a explicarles cada varietal.
“Con mis grandes nervios y mis condiciones, ellos me compraron seis vinos. Hasta el Gran Reserva, de 1.358 botellas. Eso fue maravilloso”, recuerda.
Para Paola, aquella venta fue mucho más que una operación comercial: fue el primer impulso para confiar en sus propios conocimientos y en todo lo que habían aprendido.
Las redes, las ferias y el desafío de crecer
Las redes sociales son hoy una herramienta fundamental, aunque reconocen que todavía están aprendiendo a utilizarlas de manera más constante y organizada.
La primera feria llegó casi de casualidad. No tenían previsto participar, no contaban con gazebo, tenían poco stock y apenas tres días para prepararse. Sin embargo, armaron todo y la experiencia resultó muy positiva.
“Dios te lleva donde Él quiere, no donde nosotros organizamos”, dice Paola al recordar aquella primera experiencia.
Ahora buscan seguir creciendo, sumar clientes y sostener a quienes ya volvieron a elegirlos. Uno de sus grandes sueños es contar con un espacio físico donde puedan exhibir sus vinos y, especialmente, desarrollar degustaciones.
La idea tiene además un componente personal: Paola también es cocinera y sueña con unir ese conocimiento con el mundo del vino a través de degustaciones y maridajes.
Crecer desde el lugar elegido
Para Paola, emprender desde Las Higueras tiene un valor especial. Es el lugar donde nació y creció y donde encontró a muchas de las personas que decidieron confiar en su propuesta.
“Amo mi pueblo. Aunque ya somos ciudad, siempre digo que mi lugar en el mundo es aquí y aquí creceré con Wine Glass”, afirma.
Todavía no hay una meta definitiva sobre hasta dónde llegará el emprendimiento. Por ahora, el objetivo es seguir construyendo una clientela que los elija para una ocasión, un regalo o simplemente para descubrir un vino diferente.
Y si tienen que resumir lo que buscan transmitir, Paola prefiere no limitarlo a tres palabras. “No vendo un vino, vendo un momento irrepetible”, dice.
Esa frase también resume la manera en que entienden el emprendimiento: conocer el producto, escuchar al cliente y encontrar la botella indicada para cada ocasión.
Para quienes tienen una idea y todavía no se animan a dar el primer paso, su consejo es sencillo: perseverar y ponerle una fecha a los objetivos.
“Muchas veces decimos ‘bueno, en diciembre’. Y si llegamos a diciembre y no sucede, que sea en marzo. Pero siempre tener una fecha para que suceda. Eso nos anima, nos da fe y esperanza y, sobre todo, ganas de seguir”.