“No hace falta tener todo resuelto para arrancar”
La historia de La Cantina comenzó mucho antes de que sus puertas se abrieran. En 2024, Micaela atravesaba un momento de cambios: estaba dejando un trabajo que sentía que ya había cumplido su ciclo y necesitaba reinventarse.
El nombre del emprendimiento también tiene su propia historia. Durante la pandemia, cuando la situación laboral se volvió difícil, Micaela había comenzado a realizar cadetería y venta de bebidas para afrontar los gastos diarios. A ese proyecto lo llamó “La Cantina”. Aunque aquella primera experiencia duró poco, fue fundamental para aprender, acomodarse y seguir adelante.
Tiempo después, aquella idea tomó un nuevo rumbo. La inversión que inicialmente estaba pensada para un local de comidas se transformó en una propuesta vinculada a la alimentación saludable. Y el nombre permaneció como una forma de reconocer ese camino recorrido.
El comienzo fue nuevamente desde casa, con pedidos y envíos a domicilio a través de Instagram y WhatsApp. Con esfuerzo y dedicación, y con el acompañamiento de su pareja, Gastón Lucero, en diciembre de 2024 Micaela logró abrir las puertas del local -en Bvard Juan B Justo 494- y convertir aquella idea en La Cantina – Almacén Saludable.
“Estamos muy agradecidos porque la respuesta de la gente siempre fue la mejor”, cuenta Micaela. El crecimiento fue progresivo y, principalmente, impulsado por las recomendaciones de quienes fueron conociendo el emprendimiento.
Actualmente, La Cantina ofrece alimentos saludables, sin conservantes, de primera calidad y con precios accesibles. La variedad también fue creciendo a partir de escuchar a quienes se acercan al local y buscar que cada cliente pueda encontrar aquello que necesita.
“Comenzamos con muy poquito y, con el tiempo, tuvimos que ir adaptándonos a la demanda de nuestros clientes”, explica. Para ella, emprender también significa entender que hay procesos y que cada etapa tiene su momento.
Las redes sociales tuvieron un rol fundamental desde el primer día. Instagram y WhatsApp fueron las herramientas que le permitieron dar a conocer la propuesta, tomar pedidos y organizar los envíos a domicilio. Aunque reconoce que hoy le cuesta mantenerlas tan activas como quisiera, continúa apostando a ellas para mostrar los productos y mantener ese vínculo que fue clave en los comienzos.
El futuro de La Cantina todavía está en construcción, pero Micaela tiene claro que quiere seguir creciendo. “Ya estamos trabajando para algo nuevo y espero que pueda darse muy pronto”, adelanta.
Y para quienes tienen una idea, un sueño o un proyecto que todavía no se animan a poner en marcha, Micaela deja una reflexión nacida de su propia experiencia: “No hace falta tener todo resuelto para arrancar”.
El primer paso puede comenzar con pequeñas decisiones. Después, el camino permite aprender, crecer y corregir. Pero también es importante visualizar el objetivo y rodearse de personas que impulsen, orienten desde su experiencia o simplemente estén ahí para brindar una palabra de aliento.
La historia de Micaela demuestra que muchas veces emprender también es animarse a cambiar de rumbo, rescatar lo aprendido y volver a empezar con una nueva mirada. Detrás de La Cantina hay una mujer que decidió reinventarse, apostar por una idea y construir, paso a paso, un proyecto que todavía tiene mucho por crecer.