


Salarios en crisis y una sangría silenciosa: el impacto local del deterioro económico en el personal militar
Redacción El Día de Higueras

Desde diciembre de 2023, más de 18.000 militares pidieron la baja de las Fuerzas Armadas, según datos oficiales presentados por la Jefatura de Gabinete al Congreso. La cifra incluye oficiales, suboficiales y, principalmente, soldados voluntarios, con una fuerte concentración en el Ejército, aunque el fenómeno alcanza a todas las fuerzas, incluso a nuestra vinculante Fuerza Aérea. Puertas adentro de los cuarteles, la lectura es clara: los salarios quedaron muy por debajo del costo de vida y no logran sostener un proyecto familiar mínimo.
Ingresos por debajo de la línea de pobreza
En los rangos más bajos, los haberes iniciales oscilan entre los 600.000 y 700.000 pesos, mientras que gran parte de los suboficiales y oficiales jóvenes apenas se ubican en torno o por debajo de la línea de pobreza establecida por el INDEC. Incluso jerarquías intermedias reconocen dificultades para cubrir gastos básicos, afrontar alquileres o sostener la educación de sus hijos.


Esta realidad no es nueva, pero se profundizó en los últimos años y hoy se expresa con mayor crudeza: endeudamiento creciente, necesidad de ingresos paralelos y pérdida de expectativas de desarrollo profesional dentro de la carrera militar.
Las Higueras: una problemática que se vive de cerca
En Las Higueras, donde tiene asiento el Área Material Río Cuarto de la Fuerza Aérea Argentina, la situación es conocida y visible para la comunidad. Lejos de ser una discusión abstracta, el impacto económico atraviesa a vecinos, familias y trabajadores que durante años encontraron en la carrera militar una salida laboral estable.
Históricamente, gran parte del personal de la Fuerza Aérea complementó su salario con trabajos privados, oficios o pequeños emprendimientos desarrollados fuera del horario de servicio. Esa doble actividad, casi naturalizada dentro del ámbito militar, permitió durante años compensar ingresos que ya eran ajustados.
Sin embargo, el actual deterioro salarial volvió insuficiente incluso esa estrategia. En los últimos meses se registraron varias bajas vinculadas directamente a la situación económica, y otras tantas se encuentran en evaluación. A esto se suma un factor clave: los pases y cambios de destino dentro de la propia Fuerza Aérea.
Muchos efectivos destinados desde Las Higueras a otras unidades del país se ven obligados a abandonar sus trabajos complementarios, emprendimientos u oficios que habían construido durante años e incluso proyectos familiares. El traslado implica no solo el desarraigo, la sumatoria de un costo de alquiler en muchos casos, sino también la pérdida inmediata de ese segundo ingreso, dejando al grupo familiar únicamente con el salario militar, insuficiente para sostenerse.
Alta capacitación, baja remuneración
La contradicción se vuelve aún más evidente en un contexto de alta exposición pública, como ocurrió recientemente con la llegada de los aviones F-16, un programa estratégico millonario que puso a la Fuerza Aérea en el centro de la agenda nacional. Detrás de esa imagen de modernización, se encuentra personal altamente capacitado, con formación técnica específica y responsabilidades críticas, cuyos salarios no reflejan ni la especialización ni el nivel de exigencia de sus funciones.
En cualquier ámbito privado, perfiles con ese nivel de conocimiento y experiencia serían reconocidos económicamente de otra manera. En el ámbito militar, en cambio, muchos de esos trabajadores sostienen su vida cotidiana con ingresos que no alcanzan para cubrir lo básico.
Bajas, pases y fuga hacia otros sectores
El resultado es una sangría constante de personal. Algunos optan por la baja definitiva y el paso al sector privado o a fuerzas policiales provinciales, donde se ofrecen mejores sueldos y mayor estabilidad territorial. Otros aceptan destinos que, aunque mantienen la carrera militar, profundizan el deterioro económico y familiar.
Según fuentes internas, la deserción no se limita a los rangos más bajos: comienza a sentirse también en cuadros intermedios y personal con años de experiencia, lo que genera preocupación sobre la sostenibilidad operativa de las fuerzas en el mediano plazo.
Un problema nacional con raíces locales
Lo que ocurre en Las Higueras es el reflejo de una problemática nacional. La falta de actualización salarial, la ausencia de una jerarquización acorde a las responsabilidades y el debilitamiento de los sistemas de salud y bienestar del personal militar configuran un escenario crítico.
Mientras se anuncian evaluaciones y posibles medidas, en la vida cotidiana de muchas familias militares la realidad es concreta: salarios que no alcanzan, proyectos que se postergan y una carrera que, para muchos, dejó de ser sinónimo de estabilidad. En una localidad profundamente vinculada a la actividad aeronáutica y militar, el tema ya no se discute en voz baja: se vive todos los días.


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