“La cocina siempre fue nuestro lugar feliz”
Quienes conocen a Ivonne y Mael saben que la cocina siempre ocupó un lugar especial en sus vidas. Lo que quizás no imaginaban era que ese gusto por preparar comida juntos terminaría convirtiéndose en un proyecto propio.
“De la masa al postre” nació de la combinación entre una necesidad concreta y una pasión compartida. Ambos son estudiantes de Ingeniería en Telecomunicaciones, estaban desempleados y necesitaban generar ingresos para afrontar los gastos de la Universidad y sostenerse en el día a día.
Al principio comenzaron con algunos postres sencillos. Pero como también son fanáticos de las pastas, decidieron animarse a algo más y pensar en un emprendimiento que les permitiera compartir con otros aquello que tanto disfrutan hacer.
Las primeras preparaciones que pusieron a la venta fueron empanadas y canelones, justamente algunas de las recetas que más les gustaba cocinar.
Entre miedos y ganas de intentarlo
Los comienzos estuvieron acompañados por las dudas. El miedo a no vender, a que los clientes no quedaran conformes o a no estar a la altura fue parte de ese primer momento.
Pero también hubo algo que pesó más: las ganas de intentarlo.
Con paciencia y trabajo constante fueron dando sus primeros pasos y construyendo, de a poco, una propuesta que hoy ocupa buena parte de su rutina.
“El emprendimiento es nuestro día a día”, cuentan. Y aunque reconocen que implica muchas horas de dedicación y esfuerzo, también valoran profundamente la posibilidad de tener un trabajo que disfrutan.
Poder transformar una actividad que les gusta en su fuente de sustento es, para ellos, un privilegio que agradecen todos los días.
Crecer y hacerse conocidos
Como ocurre con muchos emprendimientos que recién comienzan, uno de los principales desafíos es lograr visibilidad y llegar a nuevos clientes.
A eso se suma la búsqueda permanente de los mejores insumos para sostener la calidad de cada preparación.
En ese camino, las redes sociales se convirtieron en una herramienta fundamental. Les permiten mostrar sus productos, llegar a nuevas personas y, especialmente, compartir el proceso artesanal que existe detrás de cada pedido.
Porque detrás de cada encargo, aseguran, hay mucho más que una preparación. “Cada pedido nos hace felices”, expresan. Ponen todo de sí para que cada elaboración salga de la mejor manera y, cuando es posible, adaptarla al gusto de quien la elige.
Cocinar con amor y paciencia es parte de la identidad que quieren construir. Su objetivo no se limita al sabor: buscan que cada comida genere una experiencia y que su trabajo pueda quedar en el recuerdo de quienes los eligen.
Están convencidos de que una buena comida tiene el poder de hacer feliz a alguien. Y esa, dicen, es su mayor misión.
Un mensaje para animarse
Desde su propia experiencia, Ivonne y Mael también tienen un mensaje para quienes tienen una idea, un talento o un proyecto dando vueltas en la cabeza y todavía no se animaron a ponerlo en marcha. “Si hay ganas, se puede”, sostienen.
Saben que el camino emprendedor tiene días buenos y días difíciles, pero aprendieron que lo importante es no abandonar, seguir intentando y confiar en el proceso.
Porque “De la masa al postre” no solo es el nombre de un emprendimiento. Es también la historia de dos jóvenes que encontraron en aquello que los hacía felices una posibilidad para construir su propio camino.