


¿Viejos son los trapos? derribando el "viejismo" en nuestra comunidad
Claudia Bazán

Caminar por las calles, cruzarnos en la plaza o charlar con los vecinos de siempre nos devuelve una certeza inevitable: el tiempo pasa para todos. Sin embargo, la sociedad insiste en mirar la vejez con un lente empañado por el prejuicio. A este fenómeno, tan silencioso como dañino, se lo llama viejismo (término creado por el destacado psicólogo Leopoldo Salvarezza).
El viejismo es el conjunto de prejuicios, estereotipos y discriminaciones que aplicamos a las personas mayores únicamente por su edad. Es esa idea instalada de que envejecer es sinónimo exclusivo de enfermedad, deterioro, pasividad o "volver a ser niños".



Las trampas del viejismo cotidiano
A veces, el viejismo se disfraza de "cariño" o buenas intenciones. Lo vemos cuando infantilizamos, es decir, usamos tonos de voz aniñados o diminutivos sistemáticos ("el/la abuelito/a", "toma la sopita") como si la adultez mayor borrara la historia, la identidad y la autoridad de esa persona. También cuando decidimos por ellos y asumimos que ya no pueden elegir cómo vestirse, en qué gastar su dinero o de qué hablar.
Así mismo, uno de los mayores desafíos aparece cuando los excluimos del aprendizaje. Pensar que "ya no están para estar asistiendo a talleres educativos o socio-recreativos" es limitar un derecho fundamental. Desde mi mirada como psicopedagoga, reafirmo que el cerebro sigue teniendo ganas de desafiarse y aprender a cualquier edad. La vejez no es una enfermedad; es una etapa vital —e incluso una de las más largas de nuestra existencia— con sus propios desafíos, pero también con una enorme riqueza, proyectos y capacidad de decisión.
Cambiar la mirada
No existe "la vejez" en singular, sino las vejeces, tan diversas como personas habitan nuestro suelo. Cada persona mayor tiene un nombre, una historia única y deseos que deben ser escuchados y respetados.
Para construir una comunidad verdaderamente integradora, las instituciones, la familia y la sociedad tienen un rol central en este proceso. Más que limitar o sobreproteger, es necesario habilitar espacios donde las personas mayores sigan siendo las verdaderas protagonistas de sus vidas, promoviendo el diálogo, preguntando en lugar de asumir y valorando su experiencia.
Al final del día, combatir el viejismo no es solo un acto de justicia para con nuestros mayores de hoy; es, fundamentalmente, asegurar el respeto para nuestro propio futuro.
Lic. Vanesa Borda Psicopedagoga
M.P. 22-4777
Consultorio Integral Plenamente




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