Muchos no sabemos el por qué ni el para qué.

Columna 23 de noviembre de 2020 Por Redacción El Día de Higueras
Por Ricardo Manuel Pizarro | El viernes 20 de noviembre se celebró el Día de la Soberanía Nacional razón por la cual este lunes es feriado. La Batalla de Obligado se recuerda oficialmente desde 1974 y desde 2010 se decidió que esta fecha sea no laborable.
Batalla de Obligado 1

Fue el 20 de noviembre de 1845. Los franceses, que ya tenían bloqueado el Puerto de la Santa María del Buen Aire, avanzaron río arriba por el Paraná. Sus pretensiones eran declarar la libre navegabilidad de los ríos interiores, para tener negocios con el Paraguay y con ello, otros puertos pluviales. (Paraguay estaba en camino de convertirse en la primera potencia industrial de la América Hispana).

Los preparativos y zafarranchos de guerra comenzaron al alba. Los franceses eran espiados desde los albardones costeros en la pobre luz vespertina del alba. En tierra y a las 8 y cuarto de la mañana, Mansilla, que estaba a cargo de las defensas del Paraná, había cruzado el río de lado a lado con cadenas y barcazas para impedir la navegación, justo en un recodo que el río traza en su bajada. Es entonces cuando Mansilla proclama a las tropas con una arenga encendida: "Allá los tenéis. Tremola en el Paraná el pabellón Azul y Blanco y debemos morir todos antes de verlo bajar de dónde flamea" Dicho esto con su estentórea voz cargó sable en ristre y al sonido de los clarines. Al atardecer sólo quedaba un soldado. Era Martiniano Chilavert que murió con las "botas puestas". Este morir con las botas puestas para la época significaba el gran coraje de un soldado. Esto hace que los franceses claudiquen en su intento de pasar, por sus cuantiosas bajas, pero, lo más importante, por la bravura de los defensores. Así fue el gran acto de arrojo por defender la soberanía nacional. Hoy, esa soberanía está pisoteada desde adentro. Hoy cualquier mequetrefe con una miseria e ínfima cuota de poder, decreta cualquier cosa, así sea la de un pequeño grupo, y sólo para menoscabar su soberanía decisoria. Lo más triste: sin justos títulos para hacerlo.

Ricardo Manuel Pizarro

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